«El Telar de Penélope» por Javier García Guerrero

Viedma.- Durante 2013 la tasa de empleo general en la población argentina económicamente activa fue de 63 %; los varones tuvieron una tasa de empleo de 75% por ciento y las mujeres de 51 %. Entre los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, la tasa de empleo promedio desciende hasta el 33 %, en la cual para los varones es de 41 % y para las mujeres de 24 % (INDEC). Las crisis potencian sus negativos efectos sobre los empleos informales, juveniles y femeninos. La economía argentina destruyó durante 2014 más de 300.000 empleos y 100.000 adicionales durante el 1º trimestre de 2015. La tasa de informalidad laboral actual que afecta a casi 8 millones de trabajadores, es similar a la de 1996 (INDEC), si sumamos los cuentapropistas alcanza al 42%.

La mayor proporción de trabajadores “en negro”, temporales y en la hipertrofiada burocracia gubernamental, evidencian la baja productividad de las Economías Regionales, establecidas como enclaves exportadores expuestas de lleno a la crisis derivada del dualismo productivo, el retraso cambiario, la retracción inversora y los crecientes desequilibrios macroeconómicos.

Las tasas de jóvenes argentinos excluidos que no estudian ni trabajan, son las peores de Latinoamérica y duplican la de otros países con ingresos similares afectando a casi 2 millones de personas, de los cuales más de 35.000 son rionegrinos, 17.500 de ellos se postularon en el Plan Progresar resultando aceptados 7.233. Río Negro pierde secularmente población activa por el éxodo juvenil de una población donde el 31% es menor de 14 años de edad. De ellos al menos 120.000 son pobres y aproximadamente 50.000 son indigentes, que pasan hambre sin acceso a las calorías indispensables para desarrollarse física e intelectualmente con normalidad. La probabilidad de los jóvenes de estar sin trabajo es tres veces mayor, mientras entre los adolescentes es cuatro veces superior a la de los adultos. El desempleo juvenil y las situaciones que llevan a los jóvenes a renunciar a la búsqueda de empleo o a trabajar en malas condiciones conllevan un costo socioeconómico individual y familiar. La falta de trabajo decente, si se experimenta a temprana edad, puede representar una amenaza para las perspectivas laborales futuras de una persona y suelen instalarse patrones de comportamiento laboral inapropiados que perduran toda la vida. Existe un vínculo comprobado entre el desempleo juvenil y la exclusión social. La incapacidad de encontrar empleo genera una sensación de inutilidad y ociosidad entre los jóvenes, eleva los índices de criminalidad, genera problemas de salud mental, violencia, embarazo adolescente, suicidios, adicciones, etc. proveyendo de una enorme masa de vulnerables a las actividades criminales de trata y narcomenudeo. La pérdida de ingreso en la generación más joven se traduce en una incapacidad de ahorro que aumenta el déficit habitacional, explica reducciones de la demanda global, aumentando la cantidad de personas dependientes de cada puesto de trabajo. La imposibilidad de acceso a oportunidades laborales derivada de la falta de guarderías, la ausencia de leyes de compatibilización de la vida familiar y laboral, de apoyo a los emprendimientos femeninos de minipymes, y otras medidas específicas en beneficio de las mujeres y madres jóvenes también incrementan los femicidios y la violencia doméstica. Se dilapidan los recursos en invertidos en educación, se dispara el déficit estructural vigente y futuro de la seguridad social, incrementando los gastos por la inseguridad. Ocuparse de los jóvenes no solo es un imperativo democrático o ético también constituye una condición administrativa esencial para desarrollar la economía sobre la base de acciones de óptima relación costo-beneficio.

Gobernar implica dinamizar los recursos ociosos, principalmente el humano. No basta con crear empleo público como desempleo encubierto con intensiones clientelísticas, ni subsidiar al capital privado con reconocimientos retroactivos de mayores costos, créditos a tasas negativas, exenciones impositivas, moratorias, etc. utilizando los recursos que se niegan a la promoción del empleo juvenil de calidad.

Afectada por la mayor crisis frutícola de su historia, con una caída durante el año pasado del 45% del precio del mineral de hierro, una capacidad de faena ínfima, la pesca artesanal en grave crisis, con suspensiones laborales y cierres generalizados de PyMES proveedoras del sector petrolero, Río Negro está lejos de superar sus restricciones. Las actividades portuarias suman al desvío de operaciones a Puertos vecinos, una caída de las exportaciones que supera el -60% de las conservas y – 36% en las peras. El sector comercial languidece en medio de una economía que se contrae a un ritmo superior al -4% anual y un sector público superpoblado con caídas de su poder adquisitivo. Las oportunidades de creación de empleo se concentran a los sectores del turismo que enfrentan un tipo de cambio retrasado en al menos un 30% que limita la capacidad de compra del visitante foráneo.

Frente al negativo panorama que alienta el adelantamiento de las elecciones, el Gobierno Provincial ha optado por reactivar la obra pública con los fondos del denominado “bono petrolero”. Soslayando los reparos que podrían manifestarse sobre la sustentabilidad de los empleos generados por estos proyectos focalizados en la construcción de polideportivos, Salones de Usos Múltiples y refacción de escuelas que según los antecedentes internacionales generan un impacto negativo en los resultados del empleo posteriores al programa (Kluve 2006), resulta evidente que ninguno de los proyectos apunta a reducir el desempleo juvenil femenino. Tampoco lo harán las eventuales inversiones que pudieran llegar al sector petrolero, minero o frigorífico/ganadero, generadores de empleo masculino.

En los últimos 11 años las mujeres jóvenes argentina perdieron 9,6 % de participación laboral hasta alcanzar actualmente su nivel más bajo desde 2003, de tal manera que sólo 1 de cada 4 mujeres entre 15 y 24 años tiene empleo. Entre esas edades las que se declaran jefas de hogar o cónyuges y que ya tienen uno o más hijos, el 80% pertenece hogares ubicados en los dos quintiles más bajos de la distribución del ingreso. El abandono de los estudios seguido por un embarazo adolescente (50% en los estratos más pobres y sin educación) trae aparejada consecuencias de largo plazo en términos de ingresos no percibidos, incrementando las necesidades de inversiones en salud, nutrición y educación de la próxima generación de jóvenes. Numerosas investigaciones internacionales muestran una correlación directa entre el aumento de la tasa de fertilidad con el número de abortos clandestinos y el aumento de la mortalidad materna, que en Río Negro se ha triplicado durante los últimos dos años en relación al promedio de la década anterior. Lúcidamente afirmó Simone de Beauvoir “Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa”

Lic. Javier García Guerrero.