Y los partidos tradicionales ¿dónde están?

Claramente se produjo un cambio social que genera este cambio político. Y todo esto ocurrió por la fuerza de los hechos. Quien o quienes se arroguen el liderazgo de este largo proceso, actuaría con deshonestidad. Las cosas nos fueron pasando y nos acomodamos para convivir con ese cambio pero no fuimos protagonistas.

En Río Negro ya no hay partidos políticos. El radicalismo y el peronismo se convirtieron en dos recuerdos. Como cuando uno pasa por el edificio de la Cancillería y alguien señala que es el ex Palacio Anchorena…ahhh…bien….si…bueno….

Juntos Somos Río Negro es una herramienta circunstancial. Sirve para competir en elecciones municipales. Y ganar algunas de esas elecciones.

Río Negro está desideologizada. A la desideologización nacional le suma la propia de un peronismo que durante 28 años quiso y cuando le toco el turno no pudo…y no puedo resolver el conflicto. Y un radicalismo que una vez que fue desplazado, por paliza, lejos de hacer el duelo y arrancar, se condujo de modo tan mezquino que hoy se lee en las urnas su más preciso diagnóstico.

Y hay que decirlo con todas las letras…porque nos saturamos de palabras como “militancia”, “ideología”, “principios”, “compañero”, “articular”, todo vaciado completamente, todo sin ninguna significación real.

Y hay que decirlo con todas las letras. Hay una dirigencia que es responsable de que el radicalismo esté al garete, de que el peronismo no tenga espacio (porque Martín Doñate es La Cámpora y Silvia Horne el Movimiento Evita, o sea kirchnerismo).

Una dirigencia que está divorciada, de común acuerdo, de la ciudadanía. Una dirigencia que como a cualquier jubilado, le cuesta armarse una vida nueva y que solo permanece para restar, y seguir restando.

Es otro tiempo. Más liviano sin duda, en términos ideológicos. Con una democracia más extendida, en términos de pertenencia social. Ya nadie se calla para escuchar “a los que saben de política porque yo no entiendo nada”. Es un tiempo más llano, más cibernético, un tiempo que exige dirigentes y agrupaciones que puedan contener a los ciudadanos.

Finalmente, es un tiempo en el que es necesario proponer una urgente reforma política. Que frente a este nuevo escenario, implemente el vehículo adecuado.

No podemos admitir nunca más un Congreso/Escribanía. No podemos permitirnos más hiper presidencialismos en los que se escuchen cosas como “si no les gusta, hagan un partido y ganen las elecciones”. Debemos facilitar el corte de boleta, impedir efectivamente el clientelismo, debemos sanear el proceso democrático pero también salvar a la institucionalidad.

La UCR y el PJ llevan años jugando a restar. Sectarios. Soberbios. Acríticos. Desmemoriados. Hablan para sí mismos. Pierden elecciones frente a una fuerza creada de urgencia para servir a un propósito puntual, coyuntural.

O se renuevan dramáticamente o la pregunta del millón será ¿son estos los partidos que nos hacen falta? O bien, ¿seguimos ensayando con una democracia de partidos políticos o buscamos otra alternativa?

Claudia Beltramino