Viedma queda a trasmano. Es cierto.

Hay una discusión que reaparece periódicamente en la Argentina: el tamaño del Estado, la cantidad de empleados públicos y la necesidad de generar trabajo genuino en el sector privado. Y poco hablamos de nuestro litoral marítimo. Y en esa línea, de las Islas Malvinas. ¿No?

Hasta ahí, todos de acuerdo. Pero hay un problema: no todas las ciudades argentinas tienen las mismas posibilidades de desarrollo. Y a veces hablamos de ellas como si las tuvieran.

Hagamos un viaje imaginario.

Salimos de Buenos Aires por la ruta 3. Llegamos a Bahía Blanca, seguimos unos kilómetros y encontramos el empalme con la ruta 22. Hacia un lado, el camino que conduce al Alto Valle, Neuquén y la cordillera. Un corredor de producción, energía, comercio, turismo y circulación permanente.

Hacia el otro, la ruta 3 sigue rumbo al sur. Y allí está Viedma.

Viedma queda a trasmano.

No es una queja. Es una realidad geográfica y económica que condiciona buena parte de nuestra historia.

Tenemos un mercado pequeño, estamos lejos de los grandes centros de consumo, tenemos dificultades de escala y una estructura productiva que, pese a sus posibilidades, nunca alcanzó para sostener una economía suficientemente diversificada.

Y no es que nadie se haya dado cuenta.

Pero también es una ciudad hermosa, amable, con una calidad de vida que muchos grandes centros urbanos perdieron hace tiempo. Un lugar donde todavía es posible imaginar proyectos, emprender, criar hijos, trabajar y construir una vida extraordinaria.

No estamos aquí esperando que alguien venga a rescatarnos.

Estamos viviendo, produciendo, educando, trabajando y sosteniendo una comunidad en un extremo del país donde la geografía impone condiciones que no podemos ignorar.

Y hay algo más que rara vez aparece en las discusiones económicas.

La Argentina tiene la extensión territorial que tiene porque, generación tras generación, hubo argentinos dispuestos a poblarla, comunicarla, trabajarla y permanecer en ella.

Eso también vale para nuestra Patagonia atlántica, para el mar argentino, para los derechos que ejercemos sobre sus recursos y para nuestra histórica reivindicación de soberanía sobre las Malvinas.

Por supuesto que necesitamos inversiones, producción, empresas y empleo privado. Y por supuesto que debemos exigir un Estado eficiente.

Pero convendría recordar que no todas las contribuciones de una comunidad al país aparecen en las estadísticas económicas.

A veces, vivir y construir futuro en un lugar también es una manera de hacer patria.

Y eso, desde Viedma, no es poca cosa.

CB para Frecuencia VyP