Bariloche votó pensando en 2027. ¿Y la ciudad de los próximos veinte años?

La elección de convencionales constituyentes se convirtió en el primer gran acontecimiento político de la carrera provincial. El triunfo de la alianza entre Walter Cortés y Alberto Weretilneck dominó los titulares. Pero detrás de la disputa electoral quedó una discusión bastante más trascendente: qué Bariloche se quiere construir.

La elección del domingo en San Carlos de Bariloche tuvo una repercusión política que excedió largamente los límites de la ciudad. El triunfo de Estamos Haciendo Bariloche, la alianza entre el intendente Walter Cortés y el gobernador Alberto Weretilneck, ocupó un lugar destacado en la prensa provincial y nacional.

Los números explican buena parte de ese interés. El oficialismo consiguió ocho de los quince convencionales constituyentes, mientras que el peronismo obtuvo tres, La Libertad Avanza dos y otras dos fuerzas, una representación cada una.

El resultado fortaleció políticamente a Cortés y Weretilneck y abrió una discusión sobre las alianzas, los liderazgos y las estrategias para las elecciones provinciales de 2027.

Hasta allí, una lectura política legítima.

Sin embargo, hay algo llamativo: se eligieron convencionales para reformar la Carta Orgánica Municipal y buena parte de la conversación posterior parece haber olvidado precisamente para qué fueron elegidos.

Bariloche no votó gobernador ni intendente. Votó a quienes tendrán la responsabilidad de revisar las normas fundamentales que organizan su vida institucional.

La Carta Orgánica vigente fue reformada hace veinte años. Desde entonces, la ciudad cambió, crecieron sus necesidades y se profundizaron problemas que requieren decisiones de largo plazo.

¿Cómo ordenar su expansión territorial? ¿Cómo garantizar el acceso a la vivienda en una ciudad donde el turismo y los alquileres temporarios conviven con enormes dificultades habitacionales? ¿Qué hacer con el vertedero? ¿Cómo resolver el transporte, proteger el ambiente, preservar el acceso público a las costas y mejorar los mecanismos de control del poder municipal?

No son asuntos menores. Son algunas de las cuestiones que deberían formar parte del nuevo contrato institucional de Bariloche.

Y tampoco estuvieron completamente ausentes de la campaña. Hubo debates, propuestas de las distintas fuerzas y espacios de participación ciudadana. La Defensoría del Pueblo, incluso, realizó una consulta que mostró una contradicción significativa: mientras una amplia mayoría de los participantes manifestó interés en involucrarse, casi el 77% desconocía el proceso de reforma.

La elección dejó además otro interrogante. Con una participación reducida, una proporción importante de los ciudadanos no intervino en la designación de quienes definirán las reglas institucionales de la ciudad.

El triunfo electoral es indiscutible. Pero la responsabilidad que comienza ahora es diferente de la que se discutió durante la campaña.

La alianza oficialista tendrá mayoría propia en la Convención. Eso le otorga una posición decisiva para orientar la reforma, pero también plantea una responsabilidad institucional: procurar que la nueva Carta Orgánica exprese un proyecto de ciudad capaz de trascender a una administración y a una coyuntura electoral.

Porque una Carta Orgánica no debería escribirse pensando solamente en quién gobierna hoy, sino también en quienes gobernarán mañana y, fundamentalmente, en quienes vivirán bajo sus disposiciones.

Bariloche fue noticia por lo que su elección significa para la política de Río Negro. Ahora debería ser noticia por lo que su nueva Carta Orgánica puede significar para los barilochenses.

La campaña de 2027 recién comienza. La construcción de la ciudad de las próximas décadas, en cambio, no puede esperar.

CB para FrecuenciaVyP