¿Y si ya no somos el sur del sur?

Hay una vieja frase atribuida a Arturo Illia que circula desde hace décadas en el anecdotario político argentino. Nunca quedó claro si realmente la pronunció o si fue una construcción posterior, pero la idea es sugestiva: el sur del sur depende siempre desde dónde se lo mire.

Durante mucho tiempo, Río Negro fue pensado justamente así: como parte de ese “sur del sur”, un territorio lejano respecto del centro político y económico del país. Una provincia extensa, diversa, con economías regionales valiosas pero con escasa gravitación en las grandes decisiones nacionales.

Sin embargo, la historia económica rionegrina ya mostró que esos lugares pueden cambiar de posición en el mapa.

El primer modelo productivo de la provincia estuvo ligado a la ganadería extensiva, cuando aún formaba parte del vasto territorio administrado por el Estado nacional. Era una economía de ocupación y consolidación territorial.

El segundo ciclo llegó con el desarrollo del sistema de riego del Alto Valle, que permitió la expansión de la fruticultura. Durante décadas, ciudades como General Roca, Villa Regina o Cipolletti organizaron su crecimiento alrededor de la producción de peras y manzanas destinadas a los mercados del mundo.

Hoy empiezan a aparecer señales de un posible tercer momento histórico.

El desarrollo energético asociado a Vaca Muerta —la gran formación hidrocarburífera ubicada principalmente en Neuquén— está impulsando una infraestructura regional que podría modificar el papel de Río Negro dentro del sistema energético argentino.

Oleoductos, proyectos portuarios y terminales marítimas comienzan a dibujar otra función para la provincia: convertirse en la puerta atlántica de exportación de la energía argentina.

Uno de los proyectos más visibles es la terminal petrolera proyectada en Punta Colorada, impulsada por YPF junto a otras compañías del sector. A su alrededor empiezan a aparecer movimientos que incluyen logística, servicios energéticos e incluso nuevas dinámicas urbanas.

Nada de esto garantiza por sí mismo un cambio estructural inmediato. Los grandes procesos económicos suelen desplegarse lentamente y muchas veces pasan inadvertidos mientras están ocurriendo.

Pero la hipótesis empieza a insinuarse: si estos proyectos se consolidan, Río Negro podría estar ingresando en un tercer ciclo productivo de su historia.

Primero fue la ganadería territorial.

Luego la fruticultura del riego.

Ahora podría asomar la economía de la energía y la exportación atlántica.

Y entonces aquella idea atribuida a Illia vuelve a cobrar sentido. Porque tal vez el “sur del sur” no sea siempre un lugar periférico. A veces, simplemente, es un punto del mapa que todavía no ha sido mirado desde el ángulo correcto.

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