9 de Julio: la independencia nunca fue un punto de llegada
Cada 9 de julio repetimos una escena conocida: el Congreso de Tucumán, las firmas, los próceres, la Casa Histórica, las escarapelas y las banderas.
Pero la independencia no fue una fotografÃa. Fue una decisión polÃtica extraordinariamente audaz. Los diputados de 1816 declararon la ruptura con una de las mayores potencias del mundo sin tener asegurado un ejército victorioso, una economÃa sólida ni siquiera la unidad de todas las provincias.
En otras palabras: primero decidieron ser libres y después tuvieron que construir un paÃs capaz de sostener esa libertad.
Doscientos diez años después, la pregunta sigue vigente. Ya no discutimos la independencia de España. Discutimos otras dependencias: la económica, la tecnológica, la energética, la alimentaria, la financiera y hasta la capacidad de producir conocimiento propio en un mundo dominado por gigantes corporativos y nuevas formas de poder.
La independencia del siglo XXI no consiste en levantar fronteras ni en aislarse. Consiste en tener la fortaleza suficiente para elegir el propio destino. Un paÃs dependiente de las decisiones ajenas, de la innovación de otros o de recursos que no controla es un paÃs con menor margen de libertad, aunque conserve intactos sus sÃmbolos patrios.
Quizás esa sea la enseñanza más vigente del 9 de Julio. La independencia no es un patrimonio heredado. Es una construcción permanente que exige instituciones fuertes, educación, trabajo, producción, innovación y una ciudadanÃa dispuesta a pensar el largo plazo.
Los hombres de 1816 resolvieron un problema enorme para su tiempo. A nosotros nos corresponde resolver los del nuestro.
La independencia, en definitiva, no se celebra solamente. También se ejerce.
Frecuencia VyP les desea un ¡muy feliz dÃa!

