Río Negro ante el cambio de época
Evaluar una gestión nacional en pleno desarrollo nunca es tarea sencilla. Mucho menos cuando no se trata de un simple recambio político, sino de un giro de paradigma. La administración de Javier Milei no propone corregir márgenes: intenta alterar la arquitectura misma del modelo económico argentino.
Desde Buenos Aires el debate suele ser ideológico. Desde Río Negro, en cambio, la discusión es concreta: empleo, regalías, obra pública, exportaciones.
El fin de la respiración asistida
Durante años, la provincia —como buena parte del país— convivió con un esquema de déficit financiado con emisión, subsidios cruzados y transferencias discrecionales. Ese modelo permitió sostener consumo y empleo estatal, pero generó distorsiones severas: atraso cambiario, inflación crónica y una economía cara en dólares oficiales pero extrañamente competitiva en dólares paralelos.
El resultado fue paradójico: industrias protegidas que dependían de barreras, mientras muchos argentinos cruzaban a Chile o Uruguay para comprar más barato. Algo no cerraba.
El actual gobierno decidió cortar de raíz ese circuito. Equilibrio fiscal, freno a la emisión y reducción drástica del gasto. La pregunta ya no es si el ajuste existe —es evidente— sino si produce una estabilización sostenible.
Energía: la carta fuerte
Río Negro no parte de cero. Tiene un activo estratégico: su participación en el desarrollo hidrocarburífero de Vaca Muerta. Si el nuevo esquema logra consolidar estabilidad macro y reglas previsibles, el sector energético puede transformarse en el verdadero motor provincial.
Empresas como YPF y operadores privados necesitan previsibilidad cambiaria y acceso a divisas. Si eso se sostiene, las regalías pueden convertirse en un colchón financiero clave.
Pero conviene no caer en la ilusión automática del derrame. La energía genera riqueza, sí, pero no sustituye por sí sola el entramado productivo ni la obra pública que hoy está en retroceso.
El impacto inmediato
La paralización de la obra pública nacional golpea directamente a la construcción y a proveedores locales. En una provincia donde el Estado tiene peso significativo en el empleo, la contracción se siente más que en distritos con matriz privada consolidada.
Al mismo tiempo, las economías regionales enfrentan una transición incómoda. Un tipo de cambio más competitivo puede beneficiar exportaciones frutícolas, pero las tasas elevadas y la caída del consumo interno agregan presión en el corto plazo.
El turismo, siempre termómetro sensible, se mueve entre dos fuerzas: dólar atractivo para extranjeros, menor poder adquisitivo del mercado interno.
El dilema provincial
El gobernador Alberto Weretilneck navega un equilibrio delicado. Necesita recursos nacionales, pero también debe adaptarse a una lógica de disciplina fiscal más estricta. La provincia ya no puede asumir que el déficit será cubierto por transferencias extraordinarias.
Aquí aparece la pregunta estructural:
¿Puede Río Negro reordenar su sector público sin crecimiento privado que lo compense?
# Si la respuesta es no, el ajuste se vuelve meramente contractivo.
#Si la respuesta es sí, el cambio puede ser una oportunidad histórica.
Más allá de la coyuntura
El debate de fondo no es meramente económico. Es cultural. Durante años, el país privilegió el alivio inmediato aun a costa del deterioro futuro. El actual rumbo concentra el costo en el presente con la promesa de un equilibrio duradero.
Para Río Negro, el desafío es claro: no quedar atrapada entre la nostalgia del flujo fácil y la dureza de la transición. Aprovechar la ventana energética, mejorar competitividad real y racionalizar el Estado sin desarticular su función esencial.
¡¡¡¡El ajuste duele. Eso no es materia opinable!!!!
Lo que está en discusión es si ese dolor es transitorio y correctivo o permanente y estéril.
La respuesta no vendrá de consignas ni de redes sociales. Vendrá de indicadores concretos: regalías, empleo privado, exportaciones, inversión.
Río Negro, como tantas veces en su historia, vuelve a estar frente a una encrucijada. La diferencia es que esta vez no se trata de administrar escasez, sino de decidir qué modelo de provincia quiere ser cuando el ruido de la transición se apague.
FrecuenciaVyP

