Messi y los héroes

Cada Mundial tiene un héroe.

Durante mucho tiempo pensamos que Lionel Messi debía ser el muchacho de los milagros. Que de sus pies dependía nuestra felicidad. Que si ganábamos era gracias a él y si perdíamos era culpa de él.

Con los años entendimos algo mejor.

Los héroes no hacen magia. Marcan el camino.

Messi no es extraordinario porque haya nacido con un talento excepcional. Lo es porque convirtió ese talento en una disciplina cotidiana. Durante más de veinte años eligió entrenar cuando otros descansaban, corregirse cuando otros se conformaban y volver a empezar cuando cualquier persona hubiera dicho “hasta acá”.

Ese es el verdadero heroísmo.

De chica tuve otros héroes. Cada sábado esperaba con ansiedad la revista D’Artagnan para encontrarme con Nippur de Lagash. Después apareció el Corto Maltés. Eran distintos entre sí, pero compartían una misma condición: nunca dejaban de caminar, aun cuando el destino parecía empeñado en derrotarlos.

Con el tiempo descubrí que los héroes también existen fuera de las historietas.

Mi padre nació en un pequeño pueblo pampeano, Arata. Llegó becado al Liceo Militar, estudió Ingeniería Química con medalla de oro y después Ingeniería Nuclear, también con medalla de oro. Pienso en René Favaloro, salido de un barrio común para cambiar la medicina del mundo. Pienso en tantos científicos, maestros, médicos, emprendedores, obreros y productores que nunca ocuparán una tapa de diario y, sin embargo, sostienen silenciosamente un país.

Vivimos en una época que parece fascinada por mostrar lo peor del ser humano. Pero la realidad suele ser bastante más esperanzadora.

Hay mucha más gente trabajadora que vaga. Muchísima más gente buena que mala. Sólo que la bondad rara vez hace ruido y el esfuerzo casi nunca es noticia.

Quizá por eso este Mundial tiene un clima especial.

Vemos selecciones africanas competir de igual a igual con las grandes potencias. Vemos jugadores nacidos en familias que hace apenas dos generaciones escapaban del hambre, de las guerras o de la pobreza. El talento ya no pertenece a unos pocos países. El esfuerzo tampoco.

Tal vez el fútbol nos esté recordando algo que a veces olvidamos: cuando millones de personas tienen una oportunidad, el mundo entero juega mejor.

Dentro de unas horas volveremos a ilusionarnos con la Selección. Ojalá gane. Como todos, quiero que gane.

Pero pase lo que pase, Messi ya dejó de ser el chico de los milagros.

Hoy es otra cosa.

Es un norte.

Y los pueblos que conservan un norte, aun cuando el camino sea largo, casi siempre terminan encontrando el destino.

MCB

PD Dedicado a todos los que como yo, se formaron leyendo, antes que nada, historietas