Hay mucha gente que está haciendo un esfuerzo enorme
Gente que aceptó que había que ordenar las cuentas públicas, terminar con la emisión para financiar al Estado y bajar una inflación que había convertido la economía argentina en una carrera permanente contra los precios.
Aceptó el diagnóstico. Incluso apretó los dientes.
Pero aceptar que el tratamiento era necesario no significa que el tratamiento pueda durar indefinidamente sin mostrar resultados.
Y los últimos números obligan a prestar atención.
En julio, la industria cayó 5% respecto del mes anterior y 4,9% interanual. La construcción retrocedió 4,6% mensual y 4,5% interanual. Las expectativas de crecimiento para todo 2026 fueron corregidas hacia abajo.
Mientras tanto, energía, minería y agro funcionan mucho mejor y generan dólares. Argentina tiene sectores extraordinariamente competitivos y está construyendo una plataforma exportadora que puede cambiar su futuro.
El problema es que todavía esos motores no consiguen arrastrar suficientemente al resto de la economía.
Y ahí comienza la segunda etapa.
Porque estabilizar una economía y hacerla crecer no son la misma cosa.
El equilibrio fiscal es indispensable. Una moneda estable también. Pero ninguna de las dos cosas, por sí sola, abre un comercio, enciende una máquina o contrata un trabajador.
Ahora hacen falta otras cosas.
Hace falta crédito a tasas que permitan producir. Hace falta bajar impuestos y costos que vuelven carísima cualquier actividad formal. Hace falta infraestructura: rutas, energía, puertos, ferrocarriles.
Y hace falta algo particularmente importante: conseguir que el extraordinario crecimiento de Vaca Muerta, la minería, el agro y la energía genere actividad mucho más allá de esos sectores.
Que alrededor del petróleo aparezcan metalúrgicas, transportistas, talleres, programadores, ingenieros, soldadores y pequeñas empresas.
Que alrededor de la minería se desarrollen proveedores.
Que alrededor del campo haya tecnología, procesamiento y agregado de valor.
Que exportar más no signifique solamente acumular dólares sino también crear buenos empleos argentinos.
Y finalmente tiene que ocurrir algo elemental: la gente tiene que empezar a vivir mejor.
No mediante aumentos artificiales financiados otra vez con emisión. Eso sería regresar al mismo lugar del que estamos tratando de salir.
Tiene que mejorar porque aumenta la productividad, aparecen inversiones, crece el empleo y los salarios reales empiezan a acompañar.
Ese es el círculo que todavía falta cerrar.
Hay una parte de la sociedad que parece haber comprendido mucho más de economía de lo que a veces supone la política. Sabe que no podíamos continuar gastando eternamente lo que no teníamos. Sabe que la inflación no era gratis. Y sabe también que volver a las recetas que nos llevaron hasta aquí no resolvería el problema.
Pero esa comprensión no constituye un cheque en blanco.
Una familia no puede vivir eternamente esperando el futuro.
Un jubilado necesita comprar los medicamentos hoy.
Una pyme necesita pagar los sueldos este mes.
Un comerciante necesita clientes esta semana.
Por eso el desafío que enfrenta ahora el Gobierno probablemente sea más difícil que el ajuste.
Durante la primera etapa tuvo que conseguir que el Estado dejara de ser el motor artificial de la economía.
Ahora tiene que demostrar que existe un motor privado capaz de reemplazarlo.
Eso requiere estabilidad y confianza, pero también crédito, infraestructura, competitividad, educación técnica, reglas duraderas y una economía en la que valga la pena invertir.
Y requiere tiempo.
Pero no tiempo infinito.
Porque probablemente millones de argentinos estén hoy en una posición bastante sencilla de explicar:
Entendimos de dónde veníamos. Entendimos por qué había que hacer el esfuerzo. Lo estamos haciendo.
Ahora necesitamos empezar a ver hacia dónde vamos.
Porque si después de semejante sacrificio conseguimos una Argentina estable, productiva, con inversión, trabajo y salarios mejores, habrá valido la pena.
Pero el objetivo nunca pudo ser solamente ordenar las cuentas.
El objetivo era ordenar las cuentas para volver a crecer.
Y ésa es la promesa que ahora tiene que empezar a cumplirse.
CB para Frecuencia VyP

