Memorias de la corrupción de la democracia argentina
1983-actualidad
¿Por qué mirar hacia atrás?
En diciembre de 1983 la Argentina recuperó la democracia.
Han pasado más de cuatro décadas. Cambiaron presidentes, partidos, modelos económicos, monedas, leyes y generaciones enteras de argentinos.
También hubo corrupción.
Casos enormes que ocuparon durante meses las primeras planas terminaron convertidos en nombres que las nuevas generaciones apenas reconocen. Otros llegaron a juicio veinte o treinta años después. Algunos nunca llegaron. Hubo condenados, absueltos, sobreseÃdos, prófugos y acusados que murieron antes de conocer una sentencia definitiva.
Y sobre todo hubo olvido.
Esta serie no pretende demostrar que la corrupción sea una particularidad argentina ni que haya comenzado con la democracia. Tampoco busca igualar gobiernos, responsabilidades o delitos diferentes.
Pretende algo más sencillo y quizá más incómodo:
mirarnos de frente.
Porque una sociedad que no recuerda difÃcilmente pueda corregirse.
La corrupción suele contarse como un problema moral. Alguien traicionó la confianza pública, utilizó el poder para enriquecerse o permitió que otros lo hicieran.
Pero tiene además una dimensión mucho más concreta.
La corrupción empobrece.
El dinero público no pertenece a una entidad abstracta llamada Estado. Sale, directa o indirectamente, del patrimonio de los ciudadanos y deberÃa regresar a ellos convertido en rutas, escuelas, hospitales, seguridad, justicia, infraestructura o servicios.
Podemos pensarlo como pensarÃamos las cuentas de nuestra propia casa.
Si durante cuarenta años alguien hubiera retirado regularmente dinero de los ingresos familiares, no nos limitarÃamos a decir que actuó mal.
QuerrÃamos saber cuánto se llevó.
Y después harÃamos una pregunta todavÃa más dolorosa:
¿qué podrÃamos haber hecho con ese dinero?
Con un paÃs ocurre lo mismo.
Por eso intentaremos, siempre que las pruebas lo permitan, seguir también el dinero.
Cuánto desapareció. Cuánto se pagó de más. Cuánto recuperó el Estado. Cuánto costó una obra que nunca se terminó. Cuánto patrimonio público quedó comprometido.
Y cuando no exista una cifra seria, lo diremos.
No vamos a convertir sospechas en certezas ni estimaciones en hechos.
La regla de esta serie será distinguir siempre entre lo denunciado, lo investigado y lo probado por la Justicia.
Pero tampoco aceptaremos que el paso del tiempo convierta los hechos probados en olvido.
En cada historia haremos tres preguntas:
¿Qué pasó?
¿Qué probó la Justicia?
¿Qué sobrevivió?
Porque quizá lo más importante no sea descubrir que hubo corruptos.
Corruptos hubo y habrá en cualquier sociedad.
La verdadera pregunta es por qué algunas estructuras capaces de producir corrupción sobreviven a quienes las utilizaron, cambian de nombres, encuentran nuevos aliados y reaparecen bajo gobiernos de signos completamente diferentes.
Desde 1983 hasta hoy.
Ésta no será, entonces, solamente una memoria de personas y escándalos.
Será un intento de reconstruir el costo económico, institucional y moral de aquello que la democracia argentina no consiguió corregir.
No para descreer de la democracia.
Exactamente al contrario.
Para exigirle todo lo que prometimos construir cuando la recuperamos.
CB para Frecuencia VyP

