Chubut: entre la economía que se enfría y la apuesta a sostener su matriz productiva
En una Argentina que desacelera, Chubut no escapa a la lógica general: caída del empleo formal, retracción del consumo y un Estado provincial que intenta amortiguar el impacto sin demasiado margen fiscal. El cuadro no es novedoso, pero sí persistente.
Los últimos indicadores ubican a la provincia entre las más afectadas por la pérdida de puestos de trabajo registrados. El dato no es menor en un territorio donde el empleo privado depende, en gran medida, de sectores cíclicos como el petróleo, la pesca y la construcción. Cuando esas ruedas se frenan, el efecto se siente rápido.
En paralelo, el gobierno de Ignacio Torres comenzó a ensayar medidas de contención. Algunas son de corto alcance —como el adelantamiento de salarios estatales— y otras apuntan a aliviar situaciones de endeudamiento familiar. Son herramientas conocidas, casi de manual en contextos de restricción, que buscan sostener el consumo básico y evitar un deterioro mayor.
Pero el verdadero termómetro está en la producción.
La apertura de la temporada de langostino vuelve a poner a la pesca en el centro de la escena. Es, como suele decirse en la costa, “la cosecha del mar”. Sin embargo, las tensiones gremiales y los costos operativos amenazan con recortar su impacto positivo. Nada fuera de lo habitual: en Chubut, cada temporada es también una negociación.
En el sur, Comodoro Rivadavia insiste en sostener su perfil energético. Con un petróleo que ya no tiene el dinamismo de otras épocas, la estrategia apunta a captar inversiones y diversificar. El desafío es conocido: cómo reconvertir sin perder lo que todavía funciona.
Mientras tanto, la agenda de seguridad mantiene presencia constante, con operativos policiales y hechos violentos que, aunque no configuran una crisis estructural, contribuyen a una percepción de fragilidad en algunas ciudades.
En el plano político, el escenario muestra más orden que conflicto. La Unión Cívica Radical logró listas de unidad en la mayoría de las localidades, una señal de disciplina interna en tiempos donde la fragmentación suele ser la regla. No implica ausencia de tensiones, pero sí una decisión de administrarlas puertas adentro.
Hay, además, una dimensión menos visible pero igualmente relevante: las secuelas de los incendios del verano. Aunque fuera del foco mediático, los daños ambientales y los reclamos por asistencia siguen presentes, recordando que en la Patagonia las emergencias no siempre terminan cuando dejan de ser noticia.
El panorama, en síntesis, no sorprende pero exige atención. Chubut vuelve a moverse en ese equilibrio inestable entre recursos abundantes y restricciones persistentes. Una provincia con capacidad de generar riqueza, aunque todavía atada a ciclos que no controla del todo.
Y en ese punto, más que las urgencias coyunturales, aparece la pregunta de fondo: si esta vez habrá margen —y decisión— para salir del esquema repetido o si, una vez más, la historia optará por continuar.
Frecuencia VyP

