Cuando la Justicia comunica… pero no demasiado

Cada vez con más frecuencia, los medios locales reproducen gacetillas judiciales con títulos del estilo: “Un joven pidió no llevar el apellido paterno: qué dispuso la Justicia”. O historias similares sobre vínculos afectivos, cambios registrales, mascotas, conflictos familiares o situaciones emocionales de la vida cotidiana.

No es un fenómeno exclusivamente rionegrino, aunque aquí se observa con claridad. El Poder Judicial provincial posee una estructura de comunicación importante, extendida en los distintos circuitos, que produce y distribuye diariamente este tipo de contenidos a medios y portales.


La pregunta no es si la Justicia debe comunicar. Claro que debe hacerlo. Durante décadas, el Poder Judicial argentino fue una institución opaca, distante y prácticamente inaccesible para el ciudadano común. Acercar información pública sobre su funcionamiento es, en principio, saludable para cualquier democracia.


La cuestión es otra: qué comunica, para qué comunica y qué queda afuera de esa comunicación.


Porque resulta llamativo que gran parte del esfuerzo institucional termine concentrado en historias altamente “publicables”, emocionalmente accesibles y periodísticamente inocuas. Casos que permiten mostrar una Justicia sensible, cercana y humana, pero que rara vez rozan las zonas donde verdaderamente se juegan las tensiones de poder, las demoras estructurales o los problemas profundos del sistema judicial.


Difícilmente lleguen gacetillas explicando por qué un expediente tarda años, cómo evolucionan determinados delitos, cuáles son los criterios jurisprudenciales en temas sensibles o qué impacto tienen ciertas decisiones sobre la vida institucional y económica de la provincia. Mucho menos habrá difusión oficial de internas, errores o ineficiencias.


En cambio, proliferan relatos perfectamente compatibles con la lógica actual de circulación digital: breves, emotivos, fáciles de titular y aptos para el consumo rápido.


Y allí aparece otro dato interesante: estas piezas funcionan muy bien en un ecosistema mediático golpeado económicamente. Llegan redactadas, ordenadas, sin costo, sin necesidad de investigación adicional y prácticamente libres de riesgo legal. Para redacciones pequeñas y sobrecargadas, son material listo para publicar.


Sin proponérselo abiertamente —o quizá sí— el Poder Judicial termina convirtiéndose también en productor cotidiano de contenido periodístico.


No es necesariamente grave. Pero sí merece al menos una reflexión.


Porque una cosa es informar sobre la actividad judicial y otra bastante distinta es construir una narrativa institucional cuidadosamente amable. Cuando la comunicación pública se concentra casi exclusivamente en casos sensibles pero menores, existe el riesgo de ofrecer una imagen parcial de la Justicia: una institución dedicada principalmente a administrar emociones privadas, cuando en realidad su función central debería ser resolver conflictos estructurales, garantizar derechos y controlar poder.


Tal vez el problema no sea que existan áreas de prensa judicial. Tal vez el verdadero problema sea que la comunicación institucional termine pareciéndose demasiado a una estrategia de imagen y demasiado poco a una política de transparencia.


Y quizá ahí esté la paradoja más interesante: cuanto más comunica la Justicia, menos claro resulta aquello que verdaderamente importa conocer sobre ella.

Redacción Frecuencia VyP