El desafío de llegar hasta el otro lado
La Argentina está atravesando un momento decisivo. Y no solamente para el gobierno de Javier Milei.
Después de casi tres años de cambios profundos, ajustes, dificultades y también expectativas, el país se encamina hacia un proceso electoral que pondrá a prueba algo más importante que la suerte de un presidente: la capacidad de los argentinos para sostener un rumbo antes de conocer todos sus resultados.
Porque una cosa es votar por un cambio cuando estamos convencidos de que lo anterior fracasó. Y otra muy distinta es volver a elegirlo después de haber soportado buena parte de sus costos, pero sin haber recibido todavía todos sus beneficios.
Ese es el gran desafío que tiene Milei por delante.
El Gobierno necesita que la economía mejore, pero también que esa mejoría llegue a la vida cotidiana. Que se note en el supermercado, en los salarios, en la posibilidad de ahorrar, de proyectar, de vivir con menos sobresaltos.
Y necesita que eso ocurra mientras la Argentina ingresa en una campaña electoral en la que cada dificultad será motivo de discusión y cada descontento encontrará quien lo represente.
La oposición, por su parte, tiene una ventaja y un problema. La ventaja es que existen dificultades reales sobre las cuales construir sus críticas. El problema es que estar descontento con el presente no significa necesariamente querer regresar al pasado.
Y ahí aparece una particularidad de este momento argentino.
Es posible que muchos ciudadanos estén cansados del esfuerzo, preocupados por sus ingresos o impacientes por los resultados y, al mismo tiempo, sigan convencidos de que el país necesitaba cambiar.
Por eso, las elecciones de 2027 pueden plantear una disyuntiva bastante diferente de la habitual.
¿Los argentinos votarán para premiar o castigar lo que Milei hizo? ¿O votarán para decidir si quieren darle tiempo para terminar lo que empezó?
No es lo mismo.
También hay algo que conviene tener presente: los cambios históricos no siempre benefician políticamente a quienes los impulsan. A veces, quienes abren un camino pagan los costos y otros terminan recogiendo sus frutos.
Y tampoco hay garantías de que todos los cambios emprendidos sean acertados. Precisamente por eso necesitan tiempo, resultados y capacidad de corrección.
Pero hay una pregunta que merece acompañarnos durante los próximos meses: ¿será mayor el cansancio de los argentinos o su convicción de que vale la pena seguir intentando?
Quizás esa sea la verdadera discusión electoral.
Porque lo que está en juego no es solamente la continuidad de Javier Milei. Es también la posibilidad de comprobar si la Argentina puede sostener un proyecto de transformación durante el tiempo necesario para saber si funciona.
Y sería importante que pudiéramos discutirlo sin convertir cada dificultad en una catástrofe ni cada avance en una victoria definitiva.
Después de todo, un país no se transforma en cuatro años. Pero cuatro años pueden alcanzar para decidir si quiere seguir transformándose.
CB para Frecuencia vyP

