Los mapas dicen una cosa, la vida dice otra
Hay noticias que llegan desde muy lejos y, sin embargo, nos resultan extrañamente cercanas.
Esta semana, una decisión comercial de la cooperativa CALF, de Neuquén, quedó en el centro de una disputa entre Estados Unidos y China. Washington cuestionó su relación comercial con Huawei y llegó a advertir sobre posibles restricciones de visas para directivos de la cooperativa.
La discusión es geopolítica, tecnológica y energética. Vaca Muerta está en el medio y, por supuesto, también está YPF.
Pero esta noticia me hizo pensar en otra cosa.
En algo que quienes vivimos en Patagonia hacemos todos los días sin siquiera pensarlo.
Las fronteras provinciales existen. Claro que existen.
Pero muchas veces no coinciden con las fronteras de nuestra vida cotidiana.
Acá mismo lo sabemos perfectamente.
Viedma y Patagones están separadas por un río y pertenecen a dos provincias diferentes. Pero ¿cuántos de nosotros vivimos esa frontera como una verdadera frontera?
Vamos y venimos.
Trabajamos de un lado y vivimos del otro. Tenemos familia de un lado y amigos del otro. Hay chicos que estudian de un lado, abuelos del otro, médicos de un lado, comercios del otro.
Y eso que nos parece tan natural acá también ocurre en otros lugares de la Patagonia.
En el Alto Valle, Río Negro y Neuquén forman una enorme trama humana, laboral y económica que excede ampliamente los límites administrativos.
En la cordillera, los pueblos de Río Negro y Chubut también tienen vínculos cotidianos que muchas veces hacen que la frontera provincial sea mucho menos importante para sus habitantes que para quien mira un mapa.
Y quizás esto diga algo importante sobre nosotros.
Porque existen las fronteras políticas, las que aparecen en los mapas y determinan qué provincia empieza y cuál termina.
Pero existen también las fronteras de la vida cotidiana.
Y esas son mucho más porosas.
Los patagónicos vivimos en territorios enormes, pero nuestras geografías humanas suelen ser bastante más pequeñas.
Sabemos dónde está el límite provincial.
Pero también sabemos que del otro lado hay alguien que conocemos.
Por eso una noticia sobre una cooperativa de Neuquén puede sentirse acá como una noticia cercana.
Y por eso también resulta tan interesante que una disputa entre Estados Unidos y China, dos potencias que están jugando una partida global por la energía, la tecnología y los datos, termine teniendo como escenario una institución que para nosotros no es una abstracción.
Es CALF.
Es Neuquén.
Es alguien que conocemos.
Y quizás esa sea una de las cosas que mejor explica cómo somos los patagónicos:
los mapas nos separan mucho más de lo que nos separa la vida.
Los mapas dicen una cosa.
La vida, muchas veces, dice otra.

