El partido más grande es el de nadie
Hay un nuevo partido político en la Argentina. No tiene autoridades, locales, fiscales, candidatos ni siquiera nombre propio. Y, sin embargo, reúne al 42 por ciento de los argentinos.
Son los que no se identifican ni simpatizan con ningún partido o espacio político.
El informe Creencias Sociales 2026 de Pulsar UBA los llama “ningunistas”. Y acaso el dato más importante no sea solamente su tamaño sino lo que representan: una sociedad que continúa teniendo opiniones, demandas y preferencias, pero que cada vez siente menos necesidad de convertirlas en pertenencia partidaria.
Río Negro ofrece un buen lugar desde donde observar el fenómeno.
En las elecciones nacionales de 2025 hubo tres fuerzas importantes disputándose el electorado provincial. Fuerza Patria ganó la categoría senadores con el 29 por ciento; La Libertad Avanza quedó apenas detrás, con el 28,5, y Juntos Defendemos Río Negro obtuvo el 25,5. Para diputados cambió el orden: LLA llegó al 30,7 por ciento, Fuerza Patria al 26,5 y Juntos al 23,5.
Nadie arrasó. Nadie pudo decir que la provincia le pertenecía.
Y quizá ésa sea precisamente la novedad.
Durante buena parte de nuestra historia democrática, los partidos no recibían solamente votos: construían identidades. Se era peronista o radical de una manera que excedía largamente una elección. Había familias políticas, comités, unidades básicas, sindicatos, clubes y organizaciones intermedias que daban continuidad a esas pertenencias.
Ese mundo se ha debilitado.
Pulsar encontró que el 63 por ciento de los argentinos está poco o nada interesado en la política. Pero sería apresurado concluir que esas personas dejaron de interesarse por los asuntos públicos.
La misma investigación advierte algo bastante más sutil: no estamos necesariamente ante ciudadanos sin posiciones, sino ante ciudadanos que no encuentran en las categorías que ofrece la política un lugar donde reconocerse.
El “ninguno” puede estar muy preocupado por la inflación, la inseguridad, los impuestos, la educación, las rutas o el hospital de su pueblo. Puede tener opiniones muy firmes sobre el Estado, la producción o la corrupción. Lo que ya no necesariamente tiene es un partido al que considere propio.
Y eso modifica profundamente la competencia electoral.
También obliga a mirar con cuidado ese famoso “centro” que políticos y consultores suelen salir a conquistar. Los ningunistas se ubican, en promedio, prácticamente en la mitad de la escala entre izquierda y derecha. Pero Pulsar hace una observación importante: ese centro puede no significar moderación. Puede ser simplemente un refugio.
No soy de izquierda. No soy de derecha. No soy de ustedes.
Eso permite comprender algunas aparentes contradicciones de nuestro tiempo. Un ciudadano puede considerarse de centro y votar una propuesta profundamente disruptiva. Puede votar a Milei en una elección nacional y a un gobernador pragmático en una provincial. Puede elegir al intendente que conoce independientemente del partido al que pertenezca.
El voto se vuelve menos identitario y más transaccional.
“Te voto” ya no significa necesariamente “soy tuyo”.
Para Río Negro, que comenzará dentro de pocos meses a entrar de lleno en la discusión por 2027, no es una cuestión menor.
Juntos Somos Río Negro tendrá que demostrar que una década de predominio provincial puede transformarse nuevamente en voluntad electoral y no solamente en estructura territorial. El peronismo deberá comprobar cuánto queda de una identidad que durante décadas constituyó uno de los grandes organizadores políticos de la provincia. Y La Libertad Avanza tendrá que averiguar cuántos de quienes acompañaron el fenómeno nacional han construido una identidad libertaria y cuántos simplemente eligieron una herramienta para producir un cambio.
Ninguno puede dar por propios los votos que ya recibió.
Hay además una señal quizá más inquietante. El 71 por ciento de los consultados por Pulsar considera que, en general, no se puede confiar en la mayoría de las personas. Y la participación en partidos, sindicatos y organizaciones comunitarias es muy baja.
Eso habla de algo mayor que una crisis partidaria. Habla del debilitamiento de aquellos lugares donde una sociedad aprendía a organizar intereses colectivos.
Cuando desaparecen esas intermediaciones, quedan frente a frente el ciudadano y el dirigente. La relación se vuelve directa, más personal y también mucho más volátil.
Por eso quizás el gran elector de 2027 no sea peronista, libertario, provincialista, de izquierda ni de centro.
Quizás sea ese rionegrino que observa a todos, escucha bastante menos de lo que los políticos suponen y conserva celosamente el derecho de cambiar de opinión.
No está esperando que alguien le diga a qué partido pertenece.
Está esperando decidir, una vez más, a quién le presta el voto.
CB para Frecuencia VyP

