Patagonia: entre los salesianos, el Ejército y el futuro

Mientras buena parte de la conversación pública gira alrededor del Mundial, las encuestas o los escándalos políticos del día, una pregunta silenciosa sigue recorriendo la Patagonia: ¿quiénes somos y hacia dónde vamos?

Hace unos días recordé una frase de mi padre. Decía que la Patagonia era fruto de los salesianos y del Ejército. Con los años comprendí que no le faltaba razón.

Basta recorrer nuestras ciudades para advertir ciertas semejanzas. Los hospitales se parecen. Las escuelas se parecen. Los barrios nacidos alrededor de organismos públicos se parecen. Hay algo en la Patagonia que remite a una planificación central, a una construcción institucional del territorio.

No es casualidad.

A diferencia de otras regiones argentinas, donde la ocupación del territorio fue acompañando procesos económicos ya existentes, la Patagonia fue muchas veces una decisión política antes que una consecuencia económica. Primero llegaron los salesianos. Después el Ejército. Más tarde los ferrocarriles, las escuelas nacionales, los organismos de seguridad, YPF, las obras de infraestructura y las empresas públicas.

En gran medida, la Patagonia fue creada antes de ser habitada masivamente.

Quizás por eso aquí el Estado nunca es una abstracción. Para muchos patagónicos, el Estado fue la escuela, el hospital, la ruta, el puerto, la represa o la universidad. No una teoría. Una experiencia concreta.

Eso ayuda a entender por qué ciertos discursos encuentran eco y otros encuentran resistencia. No necesariamente porque la Patagonia sea más peronista, más radical o más liberal. Tal vez porque tiene una memoria histórica diferente.

Sin embargo, quedarse solamente con esa explicación sería mirar el pasado y olvidar el presente.

Porque la Patagonia de hoy ya no es aquella frontera remota que esperaba decisiones tomadas a miles de kilómetros. La Patagonia se ha convertido en uno de los espacios estratégicos más importantes de la Argentina.

Aquí se discuten proyectos energéticos de escala mundial. Aquí se proyectan exportaciones de gas, desarrollos mineros, puertos de aguas profundas, corredores logísticos y nuevas inversiones vinculadas a recursos que el mundo demanda cada vez más.

Por primera vez en mucho tiempo, la Patagonia no aparece como periferia. Aparece como centro.

Y tal vez allí radique el verdadero desafío.

¿Cómo conservar la cohesión social y el sentido comunitario que ayudaron a construir estas tierras, sin renunciar a las oportunidades de desarrollo que se abren delante de nosotros?

¿Cómo evitar que la discusión quede atrapada en viejas categorías ideológicas cuando el mundo está planteando preguntas completamente nuevas?

Quizás la tarea de nuestra generación no sea elegir entre Estado o mercado. Quizás sea mucho más compleja: construir una Patagonia capaz de honrar su historia sin quedar prisionera de ella.

Porque los salesianos y el Ejército ayudaron a fundar un territorio.

Pero el futuro de la Patagonia no está escrito por quienes la construyeron.

Está escrito por quienes sean capaces de imaginar lo que todavía puede llegar a ser.

C Beltramino