Río Negro deja de esperar
Río Negro se hará cargo de las rutas nacionales 22 y 151. Dicho así, parece una noticia de obras públicas: rutas deterioradas, Nación que no las arregla y una Provincia que finalmente decide hacerlo.
Pero puede estar pasando algo bastante más importante.
Hasta hace pocas semanas, Río Negro reclamaba al gobierno nacional que reparara esas rutas. Era lógico: eran su responsabilidad.
Ahora decidió dejar de esperar.
La Provincia asumirá durante veinte años la gestión y el mantenimiento de los tramos transferidos. Para comenzar las obras pedirá financiamiento por hasta 60 millones de dólares. Entre las prioridades están la 151 entre Barda del Medio y Catriel, la rotonda de las rutas 22 y 250 en Choele Choel y Puente 83, en Cipolletti.
Pero hay un dato todavía más interesante.
El gobierno no quiere solamente tapar pozos y reparar asfalto. Quiere estudiar nuevamente el sistema de rutas del Alto Valle y la conexión con Catriel y Neuquén.
Porque el territorio cambió.
Vaca Muerta cambió el tránsito. Crecieron las ciudades. Aumentó enormemente el transporte pesado. Río Negro tendrá la salida del petróleo por Punta Colorada y se prepara para grandes proyectos de gas y nuevas inversiones productivas.
Las rutas pensadas hace veinte o treinta años empiezan a quedar chicas para la provincia que viene.
¿Negocio o problema?
Las dos cosas.
Río Negro asumirá una responsabilidad que correspondía a Nación y, además, tendrá que conseguir dinero para hacerlo.
La oposición tiene buenos motivos para preguntar cuánto costará, cómo se contratarán las obras y quién controlará esos gastos.
Pero hay otra parte de la historia.
Al hacerse cargo de las rutas, Río Negro también empieza a decidir sobre ellas.
Y eso forma parte de algo mayor.
La Provincia recibió el Tren del Valle. El oleoducto Vaca Muerta Sur cruzará su territorio hasta el mar. Se proyectan inversiones en gas, energía, riego, caminos y puertos.
Una provincia acostumbrada durante décadas a pedir obras en Buenos Aires empieza a tener que planificarlas, financiarlas y administrarlas.
No sabemos todavía si eso será mejor.
Sí sabemos que es diferente.
Una provincia más adulta
Hay una discusión nacional detrás de todo esto.
El gobierno de Javier Milei está reduciendo funciones que durante décadas asumió el Estado nacional. Algunas pasan al sector privado. Otras quedan en manos de las provincias.
Puede discutirse si eso es verdadero federalismo o simplemente una manera de sacarse gastos de encima.
Probablemente haya algo de ambas cosas.
Porque recibir responsabilidades sin recibir los mismos recursos puede convertirse en un problema. Pero administrar infraestructura propia también significa ganar poder para decidir qué hacer con el territorio.
Y Río Negro está entrando en esa discusión en un momento muy particular.
Durante mucho tiempo fuimos una provincia periférica. Vaca Muerta, el petróleo, el gas, los puertos y las nuevas áreas productivas están cambiando esa ubicación.
La Patagonia también está cambiando.
Argentina está intentando cambiar.
Y el mundo vuelve a mirar con enorme interés los territorios que tienen energía, alimentos, minerales, agua y salida al mar.
Es una foto dentro de otra foto.
Por eso a veces cuesta entender qué está ocurriendo mientras ocurre.
Esta semana veremos legisladores discutiendo créditos, contratos y kilómetros de asfalto. Y está bien que lo hagan.
Pero conviene mirar un poco más lejos.
Porque quizás dentro de algunos años recordemos estas decisiones aparentemente menores —una ruta, un tren, un oleoducto, una línea eléctrica— y descubramos que mientras discutíamos quién debía tapar los pozos estaba empezando a construirse otra Río Negro.
CB para Frecuencia VyP

