El dirigente infravalorado
Hay una tendencia muy humana a valorar a los dirigentes por la intensidad de los aplausos que reciben en el presente. Sin embargo, la historia suele ser bastante menos sentimental. A menudo reserva sus mejores lugares para quienes fueron capaces de interpretar una oportunidad antes que los demás.
Pienso en Río Negro y en una pregunta que tal vez resulte incómoda para muchos: ¿estamos infravalorando el papel que ha jugado Alberto Weretilneck en la construcción de la provincia que viene?
No hablo desde la simpatía política. Quienes llevamos algunos años observando la vida pública rionegrina sabemos que hubo momentos de fuertes diferencias, discusiones y enfrentamientos. Tampoco se trata de afirmar que no haya cometido errores. Los ha cometido, como cualquier dirigente que haya estado tanto tiempo expuesto a la gestión y al escrutinio público.
La cuestión es otra.
Durante décadas, Río Negro fue una provincia que observó pasar oportunidades. La lana, la fruticultura, el petróleo, el gas, los puertos. Siempre hubo riqueza circulando alrededor de nosotros, pero no siempre hubo una estrategia para transformar esa riqueza en un destino provincial.
Hoy parece abrirse una ventana diferente.
La alianza estratégica con Neuquén, la temprana comprensión del potencial energético de la región, la apuesta por la infraestructura atlántica, la decisión de posicionar a Río Negro frente al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones y la persistencia en una visión de desarrollo asociada a la energía y la logística configuran algo más que una suma de anuncios.
Configuran una hipótesis de futuro.
Naturalmente, todavía estamos dentro de la historia. Los proyectos deberán concretarse, las inversiones deberán llegar, los beneficios deberán traducirse en empleo, infraestructura y oportunidades reales para los rionegrinos. Nada está garantizado.
Pero también es cierto que las grandes transformaciones rara vez comienzan cuando aparecen los resultados. Comienzan mucho antes, cuando alguien identifica una posibilidad y empieza a construir las condiciones para que ocurra.
Tal vez por eso resulte llamativo que Weretilneck no siempre exhiba niveles de valoración acordes con la magnitud de los procesos que impulsa. Quizás porque los gestores suelen generar menos entusiasmo que los predicadores. Quizás porque la permanencia desgasta. O quizás porque la sociedad todavía percibe promesas donde algunos dirigentes ya ven escenarios.
Hay una diferencia importante entre administrar una provincia y prepararla para una oportunidad histórica.
La primera tarea consiste en resolver problemas cotidianos. La segunda exige una mirada de largo plazo, capacidad de negociación y una dosis considerable de paciencia.
Por eso, más que preguntarnos qué dicen hoy las encuestas, tal vez convenga formular otra pregunta.
Si dentro de veinte años Río Negro ocupa un lugar central en la economía energética, logística y exportadora de la Argentina, ¿cómo será recordado este período?
Porque si los proyectos que hoy están en marcha terminan modificando la estructura económica de la provincia, es posible que la historia concluya que hubo dirigentes más populares, más carismáticos o más queridos.
Pero que pocos entendieron tan temprano como Alberto Weretilneck hacia dónde se movía el mundo y qué lugar podía ocupar Río Negro en él.
FrecuenciaVyP

