Brasil: ganar una elección no es ganar un país

Brasil eligió presidente. Lula da Silva consiguió su reelección en una votación muy ajustada, con algo más del 51% de los votos frente al 48% de Flávio Bolsonaro.

Y quizás lo más interesante de esta elección no sea solamente quién ganó, sino lo que el resultado nos dice sobre las sociedades contemporáneas.

Brasil está dividido prácticamente en dos mitades. Dos maneras de entender la política, la economía, el papel del Estado y hasta el futuro del país.

Pero esas dos mitades tienen que convivir. Y acá aparece una imagen interesante, la del yin y el yang: fuerzas distintas, incluso contrapuestas, que forman parte de una misma realidad. Ninguna puede simplemente hacer desaparecer a la otra.

Quizás las democracias estén atravesando justamente ese aprendizaje: entender que ganar una elección no significa que la otra mitad de la sociedad haya dejado de existir.

Lula tiene por delante ese desafío. Y tiene algo a favor: es un político profesional, un hombre de enorme experiencia, que conoce el poder, sus posibilidades y sus límites.

Seguramente sabe que no alcanza con gobernar para quienes lo votaron. Y también sabe que el mundo cambió. Que incluso las democracias europeas, con sus sólidos sistemas de protección social, están enfrentando dificultades económicas y políticas que obligan a revisar muchas certezas.

Y después estamos nosotros.

Porque Brasil no es un país cualquiera para la Argentina. Es nuestro principal socio comercial individual, un vecino con el que compartimos industrias, inversiones, fronteras, historia y una cercanía cultural extraordinaria.

Para Javier Milei, la victoria de Lula representa un desafío político y diplomático. Las diferencias ideológicas son enormes y conocidas. Pero los presidentes no eligen a sus vecinos ni pueden permitir que sus preferencias personales condicionen los intereses de sus países.

Milei tendrá que entenderse con Lula. Y Lula tendrá que entenderse con Milei.

Porque los gobiernos pasan, las elecciones se ganan y se pierden, pero las relaciones entre los pueblos permanecen.

Y quizás ahí esté la enseñanza más importante que nos deja Brasil.

La democracia no consiste en conseguir que todos pensemos igual. Consiste en aprender a construir un futuro común, aun cuando pensemos profundamente distinto.

Y eso requiere algo más difícil que ganar una elección: aprender a gobernar después de haberla ganado.

CB para Frecuencia VyP